Hay mujeres cuya existencia no solo marca una época, sino que abre senderos por los que muchas otras aprendemos a caminar con paso firme. Gloria Steinem es, sin duda, una de ellas. Periodista, activista y voz imprescindible del feminismo contemporáneo, ha dedicado su vida a desmontar estructuras, tender puentes y recordarnos que la libertad se conquista juntos, en lo cotidiano y sin perder la sonrisa.
Tuve la oportunidad de escribir sobre su figura con motivo de la concesión del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. Releyendo aquellas líneas, me doy cuenta de que el impacto de su mensaje sigue intacto.
Aquel día en Oviedo, al recoger el galardón, sus primeras palabras fueron: “Es la primera vez que recibo un premio en honor a una mujer”.
Gloria nunca ha trabajado para el aplauso personal. Cuando le preguntan, prefiere definirse simplemente como escritora y organizadora. Esa sencillez es precisamente lo que la convierte en alguien gigante.
Hablar de la trayectoria de Steinem es hablar también de la conquista de la autonomía sobre nuestros propios cuerpos. En una época en la que la interrupción voluntaria del embarazo era un tema tabú, peligroso y estigmatizado, tuvo la audacia de alzarse y romper el silencio.
Poner el cuerpo: la lucha por el aborto legal
En 1969, tras cubrir para la prensa una reunión donde varias mujeres compartían sus desgarradoras experiencias con abortos clandestinos, Steinem comprendió que la política no era algo abstracto, sino algo que atravesaba la piel de cada mujer. Poco después, compartió públicamente su propia historia personal, convirtiendo la vulnerabilidad en una bandera de lucha colectiva.
Su reclamo no fue solo legal, sino profundamente ético: defender que no puede existir verdadera libertad ni igualdad para las mujeres mientras no tengan el poder absoluto de decidir sobre su salud, su maternidad y su proyecto de vida.
El nacimiento de Ms. y el periodismo con perspectiva de género
Como periodista, entendió tempranamente que quien controla el relato controla la cultura. Frente a unos medios dominados por miradas masculinas donde los temas de las mujeres quedaban relegados a secciones superficiales, cofundó en 1971 la legendaria revista Ms..
Ms. no fue solo una publicación comercial; fue un refugio, una trinchera y una plataforma inédita para el periodismo feminista. Bajo su dirección y la de sus compañeras, la revista abordó temas hasta entonces impensables en portadas nacionales: la violencia machista, la brecha salarial, los derechos reproductivos y la diversidad racial dentro del movimiento. Gloria demostró que la experiencia de las mujeres no era un interés minoritario, sino un eje fundamental del debate público. Su compromiso periodístico abrió la puerta a que generaciones posteriores entendiéramos la comunicación como una herramienta de transformación social, exigiendo siempre esa mirada libre de sesgos que hoy seguimos defendiendo.
Steinem ha encarnado siempre la esencia del activismo a través de la escucha y la empatía. Su discurso en Oviedo no fue una lección teórica distante, sino una llamada a abrazar nuestra humanidad compartida. Recordando cómo la pandemia mundial diluyó fronteras artificiales, me conmovió rescatar sus palabras:
“No existen los inmigrantes, todos somos pasajeros en esta nave espacial terrestre”.
Steinem nos invita a mirar el mundo sin divisiones y a entender la igualdad como un ejercicio continuo de corresponsabilidad. Incluso en los momentos más complejos, es capaz de encontrar la grieta por la que entra la luz, reivindicando detalles cotidianos, como el reparto de los cuidados en el hogar o el valor de la educación orgánica como auténticas revoluciones silenciosas capaces de liberarnos de las ataduras de los roles de género.
Defender la alegría
Si algo caracteriza su perspectiva es su vitalidad. Lejos de la rigidez, defiende la alegría como una herramienta política indispensable. En mi anterior escrito quise enfatizar esa lección sobre la risa que nos regaló en su intervención. Explicaba que la risa es la única emoción libre, la única que no se puede imponer, ya que no se puede obligar a alguien a reír de verdad y con sinceridad, y por eso la risa constituye una prueba irrefutable de libertad.
Enseñar que la alegría y el humor espontáneo son formas inexpugnables de libertad es un acto profundamente revolucionario. Nos muestra que la defensa de los derechos no tiene por qué estar reñida con el gozo de vivir.
Crecer e inspirarse con figuras como la suya resulta fundamental. Como concluía en aquel texto, las niñas que fuimos y las mujeres que somos necesitamos espejos donde mirarnos para saber que otras realidades son posibles. La mejor forma de cultivar la valentía en nuestras hijas y otras jóvenes es mediante el ejemplo; si ven a sus madres y a otras mujeres de sus vidas afrontar el futuro sin temor, sabrán que es posible hacerlo.
Hoy, rendirle homenaje a Gloria Steinem es celebrar la audacia, la coherencia y la generosidad de una vida puesta al servicio de los demás. Gracias, Gloria, por habernos enseñado a avanzar sin miedo, a contar nuestras propias historias, a decidir sobre nuestros cuerpos, a reír con ganas y a recordar siempre que el futuro se construye con el ejemplo de hoy.










