Mujeres, literatura y perspectiva de género para celebrar el Día Internacional del Libro

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Cada 23 de abril se celebra el Día Internacional del Libro. Las prensa y las redes se llenan de recomendaciones, de citas, de portadas de colores. La literatura puede salvarnos, puede transformarnos. Pero hoy también es un buen momento para preguntarnos: ¿a quiénes estamos leyendo? ¿Qué voces ocupan nuestras estanterías?

La historia no contada

Durante siglos, la historia de la literatura fue contada —y escrita— por hombres. Las mujeres escritoras eran vistas con recelo, incluso con desprecio. Algunas lo hicieron en secreto y otras, como George Eliot o las hermanas Brontë, tuvieron que firmar con seudónimos masculinos para ser tomadas en serio. Muchas más, simplemente, fueron olvidadas.

La exclusión de las mujeres del canon literario no fue un accidente, fue una consecuencia del mismo sistema que también las dejaba fuera de las universidades, los espacios de decisión, los círculos intelectuales. Pero aun así, ellas escribieron. A escondidas, con culpa, con coraje. Escribir fue —y sigue siendo— un acto de resistencia.

La Literatura como grito

Cuando una mujer escribe, lo hace desde su experiencia como mujer, como madre, como hija, como cuerpo deseante y deseado, como superviviente.

Peri Rossi escribe desde la disidencia, Clarice Lispector lo hacía desde el desconcierto y la belleza de lo cotidiano. Rosario Castellanos preguntaba por qué el mundo callaba ante la injusticia y Mariana Enríquez, desde el terror y la oscuridad, que nos recuerda que la violencia no es ficción para muchas de nosotras.

Uno de las bases de trabajo de Fundación Woman’s Week es la visibilización y reivindicación de referentes femeninos en todos los ámbitos de la sociedad a través de encuentros, publicaciones, eventos etc. Precisamente, por esta inquietud, creamos hace cinco años los EmpowerMeets, encuentros, destinados a las más jóvenes, con mujeres referentes en diversos sectores y ámbitos de la sociedad (mujeres científicas, artistas, financieras, directivas, tecnólogas, deportistas etc.). Está demostrado que la visibilidad normaliza el liderazgo de las mujeres, que suele ser más inclusivo y participativo. Queremos que en el ideario de las jóvenes y niñas existan figuras femeninas referentes, para poder reducir así los sesgos de género.

Por ello, en esta semana dedicada a celebrar la literatura y fomentar la lectura, queremos recomendaros algunos títulos escritos por mujeres que no podéis perderos. Porque es necesario ver lo que, a veces, no queremos mirar.

‘Diarios’ de Alejandra Pizarnik

Su obsesión por escribir, sus dudas, y sus ganas de comer, fumar y amar con voracidad hasta que el cansancio la derrumbaba… todo quedó apuntado en cuadernos y papeles sueltos que por fin han encontrado su lugar. Aun hoy, cuando ya se han cumplido cuarenta años desde de su muerte, la voz de Pizarnik acompaña al lector en un viaje donde la literatura importa y la vida duele.

«A veces me gustaría registrarme por escrito en cuerpo y alma: dar cuenta de mi respiración, de mi tos, de mi cansancio, pero de una manera alarmantemente exacta, que se me oiga respirar, toser, llorar, si pudiera llorar.» -Alejandra Pizarnik, París, 3 de agosto de 1961-

‘Quiero y no puedo’ de Raquel Peláez

Una radiografía de lo pijo en España, desde los señoritos del s. XIX a los cayetanos, pasando por la gauche divine o los yeyé. Un ensayo revelador sobre un fenómeno que va más allá de un arquetipo, y esconde el verdadero origen de la lucha de clases en la sociedad española. Con un enfoque que combina humor, ironía y crítica social.

‘Las Malas’ de Camila Sosa

En un ambiente urbano hostil, Camila Sosa narra desde dentro la vida de una comunidad de travestis en Córdoba, Argentina.

Cuando llegó a Córdoba capital para estudiar en la universidad, Camila Sosa Villada fue una noche, muerta de miedo, a espiar a las travestis del Parque Sarmiento y encontró su primer lugar de pertenencia en el mundo. Las malas es un rito de iniciación, un cuento de hadas y de terror, un retrato de grupo, un manifiesto explosivo, una visita guiada a la imaginación de su autora y una crónica distinta a todas. Convergen en su ADN las dos facetas trans que más repelen y aterran a la sociedad bienpensante: la furia travesti y la fiesta de ser travesti. En su voz literaria conviven Marguerite Duras, Wislawa Szymborska y Carson McCullers.

‘Oposición’ de Sara Mesa

A través de una mirada curiosa, ávida y cada vez más desencantada, Oposición describe las trampas de los mecanismos burocráticos no solo para quienes las padecen, sino también para quienes las ponen en funcionamiento. La incisiva Sara Mesa, que conoció el mundo de la Administración por dentro, aborda el relato de la burocracia contemporánea desde la perspectiva de quien se ve atrapado en el tiempo muerto de las tareas inútiles, tratando el problema del tedio y la apatía en una narración brillante, mordaz y de ritmo implacable. Su protagonista, como una heroína azarosa e involuntaria, se enfrenta al peor y más inquietante de los absurdos: el de cómo nos organizamos en sociedad.

‘La seducción’ de Sara Torres

Una joven fotógrafa se pone en contacto con una escritora veinte años mayor para tomarle unos retratos mientras trabaja en su próxima novela, titulada La seducción. Tras intercambiar varios correos, la escritora la invita a pasar unos días en su casa, una pequeña masía en la costa catalana. Al llegar, nada es como esperaba, la anfitriona se muestra distante y no se deja fotografiar. Ante el rechazo, la fotógrafa tomará esas instantáneas en su mente, alimentando a la vez su ansiedad y su deseo. Esa convivencia extraña en una casa en la que todo parece dispuesto para el placer se tensará con la aparición de Greta, una amiga de la escritora con quien parece compartir una intimidad de límites difusos.

‘Cuanta más gente se muere, más ganas de vivir tengo’ de Maruja Torres

Vivir para contarlo. Tal vez sea una frase muy manida, pero lo cierto es que resume a la perfección el retorno a las librerías de una de las voces más descaradas de nuestro país. Maruja Torres saca punta a las rutinas de su día a día para conservar los destellos de un mundo que se apaga a través de reflexiones hilarantes sobre vivir más (o menos) y mejor (o como se pueda).

Un divertido y afilado ejercicio de adaptación a una vida que justo se empieza a comprender cuando nos acercamos al final de la escalera. La autora repasa su vida, y todos sus asuntos, con la elegancia de una narración que se ríe de todo, de todos y, sobre todo, de ella misma.

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