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Un tsunami de emociones

Hoy recogemos en nuestro Cuaderno de la Mujer el artículo escrito por Elsa Martí Barceló, autora del libro ‘Mujeres sin Maquillar’ y ‘Mujeres sin Maquillar II’, en La Voz de Torrelodones y Hoyo de Manzanares con motivo del Día Internacional contra la Violencia de Género. Elsa es médico de familia y psicoterapeuta, además de colaboradora habitual de FUNDACIÓN WOMAN’S WEEK.

¿Qué razón se esconde tras el  25 noviembre? Como bien  dice una frase anónima ” Poner fin para tener un principio”. El 25 de noviembre es el día internacional contra la violencia de género. Para Ellas representa el recuerdo de lo que han pasado o están pasando y para Ellos, es el día en el que su corazón se viste de luto en recuerdo de aquellas hijas, hermanas, sobrinas, primas que aún, no estando hoy, viven en su recuerdo.

Soy una defensora a ultranza de los derechos humanos. Defiendo el derecho a la vida así como defiendo la igualdad de oportunidades y deberes para todos. Defiendo la diferencia de sexo como algo que establece la naturaleza y no como un capricho del ser humano. Por eso, en estas fechas, levanto mi voz  a través de este escrito solidario a favor de las mujeres que han sido o están siendo víctimas de violencia de género, unas mujeres a las que se les priva  su libertad de deseo  y por las que yo siento un gran respeto. Su  paso despierta sentimientos de protección en todo aquel que la vive, su fragilidad nos hace mimar y cuidarlas. Son mujeres que luchan por re-colocar dentro de su cabeza  al que sin duda fue su “amante pareja” y a día de hoy, aún siendo un maltratador, es el padre de sus hijos.

Pensar en Ellas me hace escribir lo que sienten, me hace  poner en valor el grado de sometimiento y sufrimiento al que han sido expuestas y sin duda, su fortaleza para salir de ello. Para mí  ellas son ejemplos de generosidad, resiliencia  y superación ante la adversidad.  Mi actitud, mi proceder como profesional de la salud, es no buscar  el porqué de sus vivencias, no busco su pasado,  busco su presente, vivirlas, sentirlas, ayudarlas en el aquí y en el ahora.  Mi condición de ser humano, de mujer,  de médico psicoterapeuta (por este orden) se rebela ante tanto sufrimiento y me hace luchar por su bienestar, valía y reconocimiento.

En la interacción con Ellas me esmero en trabajar y acrecentar un modelo de comunicación  empática,  que permita establecer una óptima  relación médico – paciente. Escucho, con intención de comprender, para después trasmitir valía y reconocimiento; cultivo el ser compasiva, acompaño su estado emocional  sin juzgar ni emitir juicios de valor, como forma de ganar su corazón  y pongo la templanza al servicio de Ellas para respetar  sus tiempos.

Trabajo en su forma de percibir el mundo que les rodea  y las personas que habitan en él, me esfuerzo en combatir su soledad haciéndome  presente , les hago llegar que no están solas así como les explico  que las vivencias acaecidas no se buscan, se encuentran y se superan con una medicina llamada tiempo. Y lo más importante, me esfuerzo en que Ellas entiendan y decidan  que denunciar es el pasaporte a la felicidad, que es el principio del fin, que es la mejor manera de protegerse ella y su entorno y que por supuesto que es la forma de evitar que su agresor sea juzgado de un mal mayor. Mi deber como médico es activar un protocolo de violencia de género que proteja tanto a la víctima como al agresor de no cometer un daño mayor.

Pero para ayudar hay que entender que sucede en su mundo interior  ¿Qué siente la mujer maltratada?

Pensar en Ellas es lo que me animó a escribir esta columna. Mi vocación y profesionalidad me hace bucear en su interior. Son muchas pacientes las que acuden a mí y me cuentan lo que están padeciendo, son muchas las que abren la compuerta de su corazón y me invitan a deambular en él, lo que me hace descubrir  un paisaje teñido de emociones. Emociones allí presentes, reflejo de lo que piensan y responsables sin duda de su forma de actuar.

Descubro cómo  la emoción sorpresa  genera un  pensamiento ¿Es real lo que me está sucediendo a mí? Como un sentimiento de culpa hace decir “Quizás esto  ha pasado porque me lo merecía”. Como la vergüenza activa una reflexión ” Que van a decir de mí cuando se enteren ” y  como la emoción del miedo denota una profunda preocupación de estas mujeres: “Si denuncio, me preocupa  lo que le pueda suceder a mis hijos” 

Después de empatizar con sus emociones y sentimientos, después de escuchar sus pensamientos comprendo y justifico el diferente comportamiento de estas mujeres hasta que llegan a denunciar. Son mujeres sometidas a un tsunami de emociones, donde la razón nubla a la emoción; donde el victimismo se puede minimizar hasta hacer a una la responsable de la agresión.

Estas mujeres son reales, querido lector, no las juzguemos por no tener un comportamiento eficaz que le permita desde un primer momento protegerse de su agresor, evitemos decir  frases como “No entiendo ¿Por qué ha tardado tanto en denunciar?”  “Me cuesta comprender porque ha retirado después la denuncia”. Son mujeres que necesitan enfrentar e interiorizar el desdoblamiento de personalidad de su agresor a la hora de ser el más cariñoso o el más agresivo.

La palabra maltrato para Ellas significa fracaso personal, ruptura del  vinculo familiar y vergüenza social. Ayudemos a fortalecer el retrato interior de estas mujeres, demos pinceladas de apoyo al paisaje de sus emociones y hagámoslas dueñas de su libertad de cara al futuro. Participemos en construir una mirada positiva de futuro donde no se conozca la soledad y sí el apoyo, construyamos entre todos un lugar donde vivir de forma armoniosa, donde el respeto se imponga, el optimismo se acreciente y la esperanza para Ellas se multiplique.

pluma Dra. Elsa Martí Barceló, médico de Familia y especialista en Psicoterapia Psicoanalítica.

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